Guy Sacre
Cinq Poèmes d'Apollinaire
Guy Sacre
Cinq Poèmes d'Apollinaire
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Descripción de la:
La poesía de Apollinaire -como la de Verlaine- es casi música, ¿cómo no iba a tentar a un músico? Pero es precisamente esta atracción la que debería hacerle desconfiar. Lo que es una virtud en poesía puede convertirse en lo contrario en música, volviéndose sosa o, peor aún, agria. Ceder a la "canción" por una melodía no es despreciable; pero la "cancioncilla", no estoy tan seguro... Con Apollinaire, como con Verlaine, el compositor debe prestar atención a sus impulsos (del oído, incluso más que del corazón) y cuidarse de los pleonasmos. "La rose flotte au fil de l'eau" (La rosa flota con la corriente): ¿qué más se podría añadir a este verso ingrávido y sin pretensiones? Como mucho, se podría "decir", de la manera más modesta posible, para preservar su efecto mágico, que casi nunca se crea a partir de notas, sino siempre de palabras.
Estas precauciones no son oratorias: dudé durante mucho tiempo en poner música a Apollinaire, a quien conocía de memoria a los 15 años. Y descubrir que, uno tras otro, tantos compositores han recurrido a esta fuente inagotable -aunque sólo se trate del enorme catálogo de Poulenc- ha reforzado mis temores y me ha demostrado una vez más que quizá sea un error, como decía más o menos Hugo, poner música a versos que no necesitamos cantar.\\r
Pero yo, por mi parte, he recapacitado y sé lo que lo ha desencadenado: al releer estos poemas (la memoria los desgasta, y así llega el día en que hay que redescubrirlos), he notado un hilo misterioso que forma algo así como un itinerario entre uno y otro; no quiero decir una "narración". De esta conexión secreta ha surgido este pequeño ciclo. Uso esta palabra deliberadamente en lugar de la de "colección": por mucho que me gusten otros veinte poemas de Apollinaire, ninguno de ellos podría caber aquí sin destruir la coherencia y la atmósfera de melancolía y pesar.
(Traducción John Tyler Tuttle)
Estas precauciones no son oratorias: dudé durante mucho tiempo en poner música a Apollinaire, a quien conocía de memoria a los 15 años. Y descubrir que, uno tras otro, tantos compositores han recurrido a esta fuente inagotable -aunque sólo se trate del enorme catálogo de Poulenc- ha reforzado mis temores y me ha demostrado una vez más que quizá sea un error, como decía más o menos Hugo, poner música a versos que no necesitamos cantar.\\r
Pero yo, por mi parte, he recapacitado y sé lo que lo ha desencadenado: al releer estos poemas (la memoria los desgasta, y así llega el día en que hay que redescubrirlos), he notado un hilo misterioso que forma algo así como un itinerario entre uno y otro; no quiero decir una "narración". De esta conexión secreta ha surgido este pequeño ciclo. Uso esta palabra deliberadamente en lugar de la de "colección": por mucho que me gusten otros veinte poemas de Apollinaire, ninguno de ellos podría caber aquí sin destruir la coherencia y la atmósfera de melancolía y pesar.
(Traducción John Tyler Tuttle)